piedra, arena, tierra
La mujer de arena y la mujer de tierra tratan de cuidarte. Sujetan tus raíces al suelo, intentando que vivas y no mueras. No pueden hacer nada para orientar tus ramas, que se enredan en el bosque de las mentiras, sucio vertedero adonde van a parar los cadáveres de quienes fueron sensibles y se destruyeron. Pero al menos intentan, con caramelos una, con preguntas infantiles la otra, con poesía ambas, que no pierdas definitivamente el lugar que te pertenece, que no abandones del todo el lugar al que perteneces. Y tú tratas de cavar tu tumba, arrojando lejos la arena y la tierra, pero es inútil: nunca se acaban, y cuanto más crezca tu agujero, habrá más arena, más tierra, que luchen por rodearte, por no dejar un espacio vacío en el que puedas caer, en el que puedas romperte. Da igual que intentes ser de piedra.
pd: fotografía cortesía de tatiana

