Retazos de una conversación arrastrados por la tormenta: las frases se rompen, las palabras salen volando... sólo queda la esencia: alguien a quien quiero sigue perdido, sin sueño, sin ánimo de cambiar las cosas, o tal vez sin esperanza. Volviendo a caer en las mismas zanjas, tropezando una y otra vez con las mismas piedras ya desgastadas del roce...Las botas llenas de sentimientos, y el juicio...escondido entre las piernas. Cubriéndose los ojos, por desidia o por vergüenza. Siempre dispuesto a bajarse los pantalones. Pero a abrirse...eso nunca, a no ser que le rocen las sábanas y le acaricie la noche. La voz débil, o debilitada por el continuo maltrato a un cuerpo que cada vez es más estrecho y pálido. Las manos siguen vivas, ojalá transmitieran parte de su energía a la sangre que corre cansina por las venas...Desorden. Y colgada de la línea del teléfono, no puedo hacer nada. Antes solía contarme su vida, ahora no sé ni qué colonia utiliza. Recuerdo que decía que aunque tuvieras buenos amigos, llegaba un momento en que todos estaban demasiado perdidos en su vida como para preocuparse de la de los demás...y yo, sin embargo, tenía tiempo (y ganas) de escuchar. Pero eso ocurrió hace demasiado, unos cuantos siglos en su reloj acelerado. Probablemente no reconozca que esas palabras salieron de su boca...¿cómo iba a exponerse tanto? Habrá olvidado que cuando empezamos a conocernos, se dejaba la máscara aparcada en el armario... de dónde nunca debiera haber salido. Qué difícil es seguir siendo el mismo, no perder el norte cuando todos te adulan, se acercan a ti con admiración o atracción, y te miran con deseo, malsano pero deseo al fin y al cabo. Uno acaba aparentando lo que no es, tan sólo por no defraudar a la muchedumbre que observa. Y así acaba perdiéndose a sí mismo, pintándose de negro, enseñando la piel a quien no lo merece, a quien va a arañarla o ensuciarla. Algunas personas, cuando se hunden, gustan de arrastran consigo a quien se deje. Y tú siempre te juntas con barcos cargados de anclas, con capitanes monomaníacos, sin alma, sin compasión. ¿Cómo van a compadecerse de ti? Les encanta arrastrarte al infierno, dejarse arrastrar en un círculo de llamas y humo pestilente. ¿Por qué no sueñas con algo mejor? Con volver a reír sin afectación, a vestirte sin pensar en los demás, a desnudarte cuando merezca la pena la ocasión...a sentarte con gente vital, que sonríe por necesidad,.que quiere verte bien y no enterrarte...Malditos sean los defensores de los cadáveres bonitos, malditas sus excusas, sus invenciones, sus mitos, sus leyendas, sus frases lapidarias para justificarse. Malditos sean. Y tú...no te conviertas en uno de ellos. Por favor, sálvate de ti.

