la vuelta
Ayer en el autibús escribí
"Cada uno carga con su cruz,
no por distinta menos pesada.
La mía es una cruz de indiferencia,
de incertidumbre ajena,
de amores aguafiestas"
Últimamente no entiendo nada. Yo creía que cuando querías a alguien y la relación era sana, bonita y sana, en ningún momento podía llegar uno a plantearse uno el terminar con ella. Pero al parecer no es así, no resulta tan fácil para la otra cara de la moneda. ¿Por qué? ¿Por qué no querer sin más? ¿Por qué replantearse todo una y otra vez? ¿Por qué decidir con el cerebro algo que pertenece a la esfera del corazón?
Intento tener paciencia. Hacer mi vida, tratar de aparcar la añoranza, la inseguridad, el dolor que me despiertan las dudas insanas de la persona a la que quiero y con la que quiero estar. Pero qué complicado es no sentirte olvidado cuando no suena el teléfono, no sentirte malquerido cuando no hacen nada para verte, cuando parecen no echarte de menos...No hay nada peor que escuchar "No sé si quiero verte". Infinitamente más oscuro que "no quiero verte". Sé que la decisión no es mía. Impotencia, impotencia, maldita palabra que siempre aparece cuando las cosas van bien. No hay nada en mi mano. Debería, entonces, despreocuparme. ¿Cómo despreocuparse de algo que importa tanto? ¿Cómo conservar la paciencia? ¿Cómo evitar sufrir? Libertad, respeto...dos señales de tráfico que intento colocarme delante de los ojos para no conducir demasiado rápido, para no chocar con el coche que me precede, lento, inseguro, indeciso acerca de la calle por la que quiere doblar. Huye de mí como si yo fuera una epidemia. Rehuye verme por si eso le impide cumplir con sus deberes. ¿Acaso soy un estorbo? ¿una distracción? ¿una responsabilidad inasumible?
Entiendo que crecer duele, asusta, o simplemente cuesta. Pero querer a alguien no es un peso extra en ese crecimiento...mas bien es un impulso, un deseo de sacar lo mejor de uno mismo...

